Literatura

La realización simbólica. Diario de una esquizofrénica (fragmento)

La realización simbólica. Diario de una esquizofrénica (fragmento)

Escrito por Marguerite A. Sechehaye.

Esperando el milagro que hará surgir lo real:

“Tenía dos o tres amigas, diez años mayores que yo, a quienes veía semanalmente, pero se quejaban que yo era latosa, exigente, puesto que cuando salía de paseo con una de ellas por un rato, en el momento de la separación le suplicaba quedarse más tiempo conmigo, que me acompañara de regreso. Y cuando había accedido a mi deseo, no estaba aún satisfecha y le decía: “Todavía, todavía, por favor quédese más”. Estas súplicas incesantes, que me hacían pasar por desagradable y exigente, provenían únicamente del estado de irrealidad en el que me encontraba. Durante toda la visita de mi amiga intentaba desesperadamente entrar en contacto con ella, sentir que estaba verdaderamente allí, que era una persona viva y sensible. Pero no era nada. Formaba parte de ese mundo irreal. Sin embargo, la reconocía, sabía su nombre y todo lo que le concernía, pero me parecía extraña irreal, como una estatua; veía sus ojos, su nariz, su boca que hablaba, oía el sonido de su voz, comprendía perfectamente el sentido de sus palabras, y, sin embargo, me sentía frente a una extraña. Hacía esfuerzos desesperados por romper este muro invisible que nos separaba y por llegar establecer un contacto entre nosotras; pero cuanto más me esforzaba, menos lo lograba y mi angustia aumentaba. Caminábamos por una vereda, platicando como lo hacen dos amigas; le contaba lo que me sucedía en la escuela: mis éxitos, mis fracasos; le hablaba de mis hermanos y hermanas, a veces de mis problemas. Y bajo esta máscara de tranquilidad, de normalidad, vivía un verdadero drama. A nuestro alrededor se extendía los campos cortados por vallados o por bosquecillos; el camino blanco se prolongaba frente a nosotras, y el sol en el cielo azul brillaba y calentaba nuestras espaldas. Y yo veía una llanura inmensa, sin límites, de infinito horizonte; los árboles y los vallados eran de cartón, puestos aquí y allá como accesorios de teatro, y el camino, ¡ah! el camino infinito, blanco, brillante bajo los rayos del sol, brillante como una aguja. Arriba, el implacable sol con sus rayos eléctricos que agobiaban los árboles y las casas. En esta inmensidad reinaba un silencio aterrador que los ruidos no rompían sino para hacerlo aún más silencioso, aún más aterrador. ¡Y yo, perdida en este espacio sin límites con una amiga!

Pero ¿es ella? Una mujer que habla, que hace gestos. Percibo sus dientes blancos que brillan, miro sus ojos castaños que me miran y veo que tengo una estatua a mi lado, una maqueta que forma parte del decorado de cartón. ¡Ah! ¡Qué miedo, qué angustia! Entonces, comienzo: “¿Es usted, Juana?” “¿Pero quién quiere que sea? ¿Usted sabe que soy yo, no es cierto?” responde ella extrañada. “Sí, sí, sé bien que es usted”. Pero yo me digo: “Ella, sí, es ella, pero disfrazada”. Y continúo: “Usted actúa como una autómata, ¿por qué?” “¡Ah! A usted le parece que yo camino sin gracia; no es mi culpa” contesta ella ofendida. Mi amiga no comprende la pregunta. Me callo, más sola y aislada que nunca. Pero he aquí que llega el momento de separarse; entonces la angustia me exacerba. A toda costa, por cualquier medio quiero vencer la irrealidad, quiero sentir un instante que tengo a alguien vivo frente a mí; quiero experimentar un segundo el contacto bienhechor que nos llena en un momento la soledad de una jornada; me aferro al brazo de mi amiga y le suplico que permanezca unos minutos más; si accede a mi ruego, hablo, pregunto, digo, con el único fin de romper el obstáculo que me separa de ella. Pero los minutos han pasado y yo estoy siempre en el mismo punto. Entonces la acompaño una parte del camino, esperando, esperando siempre el milagro que hará surgir lo real, la vida, la sensibilidad. La miro, la escudriño intentando percibir la vida dentro de ella, más allá de su envoltura irreal; pero me parece más estatua que nunca, es un maniquí movido por un mecanismo, que actúa y que habla como un autómata. Es espantoso, inhumano, grotesco. Vencida, me despido con las palabras convencionales y me voy, deshecha de fatiga, triste a más no poder, y regreso a la casa con el corazón vacío, desesperadamente vacío. Allí, encuentro una casa de cartón, hermanos y hermanas robots, una luz eléctrica, y me hundo en la pesadilla de la aguja en el pajar. En este estado me pongo a preparar la cena, explico las lecciones a mis hermanos menores y hago mis propias tareas.”

***

El mito de la enfermedad mental

Szasz Thomas

“Es corriente definir la psiquiatría como una especialidad médica dedicada al estudio, diagnóstico y tratamiento de las enfermedades mentales. Esta definición es inútil y engañosa. La enfermedad mental es un mito. Los psiquiatras no se ocupan de las enfermedades mentales y de su terapia. En la práctica enfrentan problemas vitales de orden social, ético y personal.”

***

Comentario de Fulgencio Robledero Licenciado en Filosofía de la Universidad Hispalense sobre el libro “La realización simbólica. Diario de una esquizofrénica”

“Aunque no estoy del todo de acuerdo con la perspectiva terapéutica del método de realización simbólica me interesa el tratamiento de Sechehaye porque, consciente o inconscientemente recuerda a los sistemas arcaicos de iniciación cuya estructura básica “muerte y resurrección” es una constante obvia en todo el método de la doctora: las voces que hablan a Renée, las visiones, su hablar caótico y sin aparente sentido son una puerta del “Otro Mundo”, que es un cielo y un infierno, en donde la enferma se sumerge (como Hércules descendiendo al Hades) para quedar atrapada en él o para salir victoriosa de la lucha con el Cancerbero.

Leyendo a Sechehaye quizás podamos comprender la ineficacia de la psiquiatría oficial que impera en la actualidad. La depresión, la esquizofrenia o la ansiedad son llamadas desde el otro lado del espejo, llamadas terribles, no lo ignoro, pero llamadas que nos invitan a la “muerte y resurrección” de una estructura psíquica que, por las razones que sea, se ha vuelto ya inoperante. Hoy en día las drogas (medicinas aturdidoras de la conciencia) o las ficciones colectivas han sustituido a la iniciación; nos quedamos temerosos en las puertas del Averno y llamamos a nuestra cobardía “sensatez”. Con una pastilla queremos olvidar lo que nuestra alma grita pero no podemos olvidar que olvidamos y así sucede que esa llamada pasa sobre nosotros como una estrella fugaz, sin dejar rastro en nuestro espíritu, desapareciendo en el horizonte y abandonándonos en nuestras tristes seguridades a la espera de la siguiente crisis que nos dejará, de nuevo, tan vacíos de vida como nos encontró.”

 


Artículos, menú principal

 

Pagina oficial de Meshticatl

 

About these ads

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.